Las graves consecuencias de las deformidades dentales

La mala oclusión es una inadecuada nutrición de los alimentos modernos en los años de formación, que no permite el desarrollo oseo necesario para el crecimiento de las muelas de juicio.

Prácticamente todos en la Fundación Weston A. Price están conscientes de la incomparable investigación antropológica realizada por el Dr. Price. En la década de 1930, este dedicado dentista integral pasó sus veranos estudiando 14 culturas tradicionales alrededor del mundo.
En su siguiente libro “Nutrición y Degeneración Física”, Price escribió que ninguno de estos nativos eran vegetarianos, pero en cada caso consumían alguna combinación de carne, vísceras, pescado, mariscos, huevos, leche cruda, queso y mantequilla. El constató además que estos grupos, que no fueron expuestos a los alimentos refinados y tóxicos de la civilización moderna, manifestaban tres características excepcionalmente saludables:
1.- Casi no tenían caries. En general, el porcentaje era inferior a 0,5.
2.- Tenían un desarrollo normal de los huesos faciales y dentales, con espacio
suficiente para los 32 dientes.
3.- Se observó que eran muy felices y se sentían contentos, con "un alto sentido del humor", y con frecuencia demostraban tener una inteligencia superior.
En el estudio se comparó éstos signos de óptimas sanas características mentales y físicas con la gente de ahora: las caries son muy comunes e incluso son consideradas por la población general como un aspecto desagradable, pero inevitable del crecimiento.
Del mismo modo, la extracción de las muelas del juicio (terceros molares) es ahora usual y común. Casi todos los adolescentes y adultos jóvenes pasan por esto, ya que casi nadie tiene el desarrollo de los huesos craneales y el desarrollo dental necesario para albergar a todos los 32 dientes.
Otro aspecto del estudio es que el gran porcentaje de niños y adultos a los cuales se les prescriben fármacos ISRS, como Prozac, Paxil y Zoloft, demuestran claramente que la ansiedad y la depresión en este país se han convertido en una verdadera epidemia.
Se suma a lo anterior el creciente número de niños prescritos por Adderall, Concerta y otros medicamentos para tratar el DA (Déficit Atencional), ADHD (Déficit de Hiperactividad y Atención), y otros problemas de aprendizajes y comportamientos, que con claridad ilustran los graves problemas que están experimentando las generaciones jóvenes tanto a nivel psicológico como intelectual.
La investigación destaca que cada vez más y más personas están tomando conciencia de la importancia crucial de una dieta tradicional rica en nutrientes. En gran parte, gracias a las enseñanzas de la Fundación Weston A. Price (WAPF) y la Fundación Nutricional Price-Pottenger (PPNF).
Pocas personas son conscientes que las graves consecuencias de las deformidades del arco dental que dan lugar a la mala oclusión dental (mala mordida), son causadas por las dietas modernas que son deficientes en nutrientes.
Este artículo explora este tema en profundidad, y proporciona directrices para la prevención y el tratamiento de las consecuencias dentales de una dieta pobre en nutrientes.
La oclusión es la forma en que los dientes superiores e inferiores encajan entre sí. La articulación temporomandibular, o ATM, es como una bola y una cavidad, como si fuera una articulación de bisagra, que se vuelve de forma secundaria mal alineada debido a una mala oclusión, o mala mordida.
Maloclusión Dental
La oclusión es la forma como los dientes de arriba y de abajo encajan juntos. Una mala oclusión se refiere a menudo a una mala mordida, y ocurre cuando los dientes no ocluyen, es decir, no encajan adecuadamente al cerrar la boca. Cuando los dientes no ocluyen adecuadamente, las mandíbulas entonces comienzan a moverse fuera de su alineación normal, lo que jala la articulación temporomandibular, la mandíbula , fuera de su posición normal.
Esto puede crear otro síndrome estrechamente relacionado, bien conocido entre los dentistas holísticos, llamado disfunción temporomandibular o ATM. El síndrome de ATM también puede desarrollarse a partir de un trauma, como accidentes o lesiones en la cabeza, o “latigazos” de la cabeza donde se estiran los ligamentos y los discos lastimando el delicado equilibrio de la articulación temporomandibular.

Causas de la mala oclusión:
La mayor causa de la mala oclusión es una inadecuada nutrición en los años de formación. Así es como el Dr. Price lo demostró incontrovertible en el siglo 20. Esta mala nutrición, y el resultado de la subsecuente mala oclusión dental, es el resultado de una insuficiente nutrición materna antes y durante el embarazo y una inadecuada nutrición durante la lactancia, o el reemplazo de la leche materna por fórmulas tóxicas durante la infancia y el crecimiento.

Preconcepción y embarazo

Una vez más la sabiduría de nuestros antepasados se demuestra en lo correcto. Price encontró que las culturas tradicionales llevaban dietas especiales antes de la concepción, a menudo uno o hasta 2 años antes del nacimiento.
Estas dietas incluían alguna combinación de carnes alimentadas por pasto y de vísceras como hígado, huevos de gallinas, leche cruda, mantequilla, aceite de hígado de bacalao, huevos de pescado, alimentos fermentados (queso, yogur, chucrut y similares), frutos secos, nueces y granos, frutas y hortalizas frescas.
Estos alimentos proporcionaban nutrientes esenciales para el mejor desarrollo de los niños, como son las vitaminas A, D, E y K2 que se encuentran en animales alimentados por pasto, grasas y ácidos grasos con Omega 3, que se encuentran en el aceite de hígado de bacalao, en el hígado y en las yemas de los huevos.

Plaguicidas.

Otra influencia perniciosa en el desarrollo normal de la mandíbula y del diente es el uso extensivo de pesticidas, insecticidas y otros químicos tóxicos desde la Segunda Guerra Mundial.
Estas sustancias tienen un efecto doble, tanto en el nivel de nutrientes de la madre y en desarrollo de la salud del bebé. Desafortunadamente, se han hecho pocos esfuerzos en la investigación de este tema y una apropiada investigación longitudinal (estudios a largo plazo) para medir con precisión el efecto completo de estas sustancias químicas en el diente y el crecimiento del hueso sería muy costoso. Ciertamente, las empresas químicas no están interesadas.
Sin embargo, hay evidencia de algunas investigaciones que estas sustancias químicas contribuyen en gran medida a deformidades de los huesos y los dientes. En un estudio realizado en Irlanda, el uso de fungicidas para combatir el tizón de la papa en la década de 1980 se relacionó con una alta incidencia de diversas malformaciones físicas, incluyendo deformidades faciales y óseas en los bebés.
En otra investigación de seis años de duración, publicada en Wise Traditions (Tradiciones Sabias), se descubrió que herbicidas y fungicidas resultaron culpables de causar intensos dolores de huesos y alteraciones dentales en caballos, ciervos, alces, antílopes, aves y otros animales.
Este estudio se llevó a cabo en Bitterroot, Montana, identificando numerosas malformaciones, incluyendo sobremordidas (dientes de conejo), prognatismo (apariencia bulldog), dientes torcidos, y paladar hendido.
Una explicación es que los pesticidas usan en gran medida nuestras reservas de vitamina A, la que es muy importante para la formación de huesos. De hecho, la toxicidad de estas sustancias proviene del hecho que interrumpen las vías de la vitamina A. Empastes dentales. Irónicamente, otro factor importante que contribuye a las maloclusiones es el cuidado dental moderno. Cuando la mala alimentación causa caries dentales, los dentistas reparan este agujero con un relleno, inlays, onlays, o una corona.
Estas restauraciones dentales, que pueden ser desde un relleno pequeño al más grande, una corona, no siempre se colocan a la altura correcta que corresponde al diente original. Cuando queda demasiada alta, crean interferencias con el resto de la mordedura y puede golpear con fuerza el diente opuesto y con tiempo inflamar los nervios circundantes, los ligamentos y el tejido de las encías en ambos dientes. También puede ocurrir lo contrario. Es decir, la restauración dental se puede colocar demasiado baja. De hecho, para evitar el primer problema de la interferencia de las restauraciones que son demasiado altas, en la escuela de odontología actualmente a muchos odontólogos se les enseña "repartir" un poco el relleno. A pesar de que esto resuelve el problema de la interferencia, después de la colocación de varios rellenos “repartidos” la altura del diente original se reduce significativamente. Esto eventualmente puede llevar de una maloclusión leve a una moderada porque los dientes no ocluyen más, lo que quiere decir que no encajan apropiadamente.
Además, en un vano intento de encontrar su mordedura inicial, los pacientes a menudo comienzan a apretar y rechinar los dientes, lo que sólo agrava aún más el problema, erosionando aún más la altura de los dientes. La respuesta al problema del diente demasiado alto o demasiado bajo, por supuesto, es una restauración dental bien hecha (y no tóxica), tapadura, onlay o corona, que es una cuidadosa copia de la arquitectura del diente original, tan exacta como sea posible y colocada por un dentista holístico bien entrenado y técnicamente capacitado.
El gran impostor. Desde las maloclusiones y problemas asociados a la articulación de la mandíbula, los trastornos temporomandibulares (TTM), crean tal gama de alteraciones en el cuerpo, que este síndrome se ha denominado el "gran impostor". El TMD se parece a muchas otras cosas crónicas, que también tienen numerosos síntomas, tales como alergias a los alimentos y problemas de disbiosis.
Como las maloclusiones causan diversos signos y síntomas, a menudo muy alejados de la cabeza y el cuello, muchos médicos que no están familiarizados con este síndrome no lo reconocen, y por lo tanto no dan el diagnóstico correcto.
Falla autonómica. En un dramático estudio animal en Japón, que haría temblar a los amantes de los animales. Investigadores lijaron aproximadamente 3 milímetros de los dientes superiores e inferiores de perros beagle en un lado (derecho) de la boca para determinar los efectos sistémicos de las maloclusiones.
Los resultados fueron dramáticos. Posteriormente cada uno de estos perros, exhibió numerosos signos de insuficiencia autonómica, incluyendo pérdida de peso, caída del pelo, pérdida del lustre en su pelaje, salivación excesiva y lagrimeo.
Estos perros también demostraron importantes alteraciones al movimiento y posturales que incluyó temblores corporales, debilidad muscular, posturas anormales al sentarse, incapacidad de caminar en línea recta, y cojera. Por supuesto, el dolor es difícil de medir en los animales, pero es muy probable que con estos signos musculoesqueléticos anormales estos perros sufran de dolor crónico en las articulaciones y en los músculos. Utilizando como ejemplo esta investigación, los individuos con dolor de hombro, de cadera, de rodilla o dolor de espalda crónico que han intentado sin éxito varios tratamientos y sospechan que pueden tener una maloclusión, deberían considerar la posibilidad de consultar a un dentista u ortodoncista holístico para ver si el tratamiento con aparatos funcionales es indicado.
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